La experiencia religiosa en Juan de Valdés (14987-1541)

Julio Diaz Pineiro
julio.diaz@ftuebe.es
Doctor en Teología. Profesor de Historio de la Iglesia y Rector de la Facultad Protestante de Teología UEBE

ABSTRACT: 
Juan de Valdés, who was of Erasmian tendencies, is one of the key figures for understanding and analysing the Protestant Reformation in Spain during the 16th century. The presence and activity of Valdés in Spain and Naples were decisive in the origin and development of the Protestant Reformation in these territories due to the spread of his writings. Nearly five centuries later they continue to invite readers to a deep religious experience that can be summed up in terms of trusting, believing and loving Jesus Christ.
 

RESUMEN:
En Juan de Valdés, de tendencia erasmista, encontramos a una de las figuras necesarias para la comprensión y análisis de la Reforma protestante en España durante el siglo XVI. La presencia y actividad de Valdés en España y Nápoles fueron decisivas en el origen y desarrollo de la Reforma protestante en estos territorios, dada la difusión que tuvieron sus escritos que, casi cinco siglos después, continúan invitando a los lectores a una profunda experiencia religiosa que se resume en confiar, creer y amar a Jesucristo.

 
Antecedentes de Juan de Valdés
Juan de Valdés nació en Cuenca alrededor del año 1500. Descendiente de judíos conversos por parte de padre y madre, era hijo de Fernando de Valdés, regidor de Cuenca desde 1485, y hermano de Alfonso de Valdés, quien en 1526 llego a ser secretario personal del emperador Carlos V, después de haber servido como secretario del canciller Mercurino de Gattinara. En su juventud, los hermanos Valdés fueron educados por el humanista italiano Pedro Mártir de Anglería (1447-1526), quien se convirtió en su consejero y amigo.
 
En su condición de secretario del emperador, Alfonso de Valdés viajo con la corte española por Europa, estando presente en las Dietas de Worms (1521) y Augsburgo (1530), donde hizo amistad con Felipe Melanchton, en quien veía una actitud más moderada que la de Lutero. En Holanda conoció a Erasmo, y se convirtió en un ferviente erasmista. Entre sus obras destacan Diálogos de las cosas acaecidas en Roma (1527) y Diálogo de Mercurio y Carón (1528-29?), también atribuidas a su hermano Juan, ambas escritas en defensa del emperador Carlos V y de su actitud ante el “saco” -saqueo- de Roma por sus fuerzas mercenarias. 
Relación con el iluminismo español
Entre 1523 y 1524, Juan de Valdés sirvió como paje del marqués de Villena, Diego López Pacheco, simpatizante con las ideas erasmistas, en el castillo de Escalona (Toledo). En este tiempo tuvo relación con los alumbrados a través de Pedro Ruiz de Alcaraz, predicador laico del marqués, procesado por la Inquisición en 1524, quien se adhirió al iluminismo entre 1511-1512 por mediación de Isabel de la Cruz, terciaria franciscana.

Juan abandonó Escalona a finales de 1524, después del arresto de Alcaraz. No existe evidencia consistente de que se adhiriera a la doctrina iluminista, aunque cierta influencia puede percibirse en su Diálogo de Doctrina Cristiana, en donde dice que vale más gustar y sentir en el alma los dones del Espíritu Santo, dados por Cristo, que hablar de ellos.
 Después de su estadía en Escalona, posiblemente regreso a Cuenca. En 1525 se encontraba en la corte imperial, en esas fechas ubicada en Granada, acompañando a su hermano Alonso, que pasó los años 1525 y 1526 en España. En diciembre de 1527 la corte se trasladó a Burgos. Para entonces, Juan se encontraba ya en Alcalá de Henares (Madrid). 
 
Relación con el humanismo complutense.
Como su hermano, Juan de Valdés simpatizaba con el humanismo cristiano representado por Erasmo, pero no con el entusiasmo con que lo hacía Alfonso. Familiarizado con los escritos de Erasmo desde 1527, comenzó su correspondencia con el humanista en 1528. La última carta entre Erasmo y Juan está fechada el 13 de enero de 1530, en la que el primero se queja de que este no responde a sus cartas cuando le escribe. Entre 1526 y 1530 estudió Derecho Canónico, Jurisprudencia, Teología, Latín, Griego y Hebreo en Alcalá, en la Universidad fundada por el cardenal Jiménez de Cisneros, arzobispo de Toledo, e inaugurada en el otoño de 1509. Entre sus profesores se encontraba, muy probablemente, Alonso de Zamora, quien en 1526 había publicado su gramática hebrea. En la Universidad de Alcalá se interesó por los estudios bíblicos, el humanismo erasmista y la teología de Duns Escoto. Allí comenzó a relacionarse con los erasmistas españoles Juan y Francisco de Vergara, y Bernardino Tovar. Durante su época de universitario mantuvo también una animada correspondencia con su hermano Alfonso. En la etapa de Juan de Valdés como estudiante en Alcalá, circulaban entre los círculos erasmistas españoles del siglo XVI obras como Breviario de sermones; Vita Christi, del fraile cartujano Ludolfo de Sajonia, traducido al Castellano entre 1499 y 1503; Enchiridion, Christiani hominis institutio, Inquisitio de fide y Simboli apostolorum, de Erasmo de Rotterdam; una versión castellana de Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis, editado por Miguel de Eguía en 1526; Epístolas de san Jerónimo, san Gregorio y san Agustín; Epístolas y evangelios de la corrección, de Fray Ambrosio Montesino (1512), obra prohibida por la Inquisición, y otras obras devocionales, a las que Valdés pudo tener acceso.
Diálogo de Doctrina Cristiana (1529)
El 14 de enero de 1529 -el mismo año en que Lutero editó su Catecismo Mayor salía de la imprenta de Miguel de Eguía Diálogo de Doctrina Cristiana, nueva- mente compuesto por un religioso, un libro de estilo coloquial erasmista que Valdés escribió entre 1527-1528, siendo todavía estudiante en Alcalá. Valdés publico su obra de forma anónima, poniendo sus convicciones en boca del arzobispo Pedro de Alba, y dedicándola al marqués de Villena, para asegurarle así protección. El historiador francés Marcel Bataillon, un experto en la vida y producción literaria de Valdés, sugiere que esta obra se inspira en los diálogos que Valdés y el arzobispo Pedro de Alba -uno de los protagonistas de Diálogo de Doctrina Cristiana- mantuvieron en el monasterio de los jerónimos de Granada en 1526, cuando la corte imperial estaba instalada en esta ciudad, y califica el Diálogo como “un catecismo moderadamente erasmiano”, mientras que otros autores lo definen como la primera obra evangélica impresa en España.
Este tratado consiste en una explicación del Credo Apostólico, los Diez Mandamientos, el Sermón del Monte (Mt. 5-7), los siete pecados capitales, los dones del Espíritu Santo, las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), el Padre Nuestro, el Ave Maria y la Salve Regina, a los que añade un compendio de la doctrina cristiana. En el Diálogo aparecen tres personajes: Fray Pedro de Alba, arzobispo de Granada; Antronio, un cura de aldea ignorante que representa al clero español de la época; y el monje Eusebio, por el que el propio Valdés se introduce en la escena. Dada la ignorancia religiosa del cura Antronio, Eusebio le convence para que ambos visiten al arzobispo, que se encuentra descansando en el monasterio. El arzobispo acoge bien la iniciativa. Es verano, y el diálogo tiene lugar en el huerto del monasterio.
En la teología que expone en su obra, Valdés se muestra fiel a las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y del escolasticismo medieval. En su cristología sigue a Anselmo de Canterbury, en cuanto a que Dios creo al hombre para que este, una vez redimido, ocupara el lugar dejado por los ángeles rebeldes.
Su soteriología se muestra en consonancia con la teología católica tradicional: el pecado original se limpia con el bautismo, y los pecados cometidos posteriormente requieren la penitencia y el sometimiento a la autoridad de la Iglesia, quien tiene las Llaves del Reino de Dios, dadas por Jesucristo.11 Requisito previo para la absolución de los pecados es la fe en los méritos de Cristo. Para permanecer en estado de gracia es necesario estar en comunión con la Iglesia. En el pensamiento de Valdés está presente, por otra parte, la existencia de dos realidades eclesiales: la iglesia institucional, jerárquica, y la iglesia espiritual y militante. Valdés concede mucha importancia a la lectura y estudio de las Escrituras, porque han sido inspiradas por el Espíritu Santo y en ellas se revela la voluntad de Dios, particularmente en los Diez Mandamientos y el Sermón del Monte (Mateo, caps. 5-7), que todo cristiano debe conocer. Para que esto ocurra, el pueblo debe ser enseñado en su propia lengua. En su libro defiende a Erasmo, y menciona la traducción del Nuevo Testamento que este había realizado.13 Asimismo, recomienda a sus lectores la lectura de los libros del humanista holandés.
A pesar de su aparente ortodoxia, Diálogo de Doctrina Cristiana contiene una severa crítica hacia el clero católico romano. De este dice que no se preocupa debidamente de la educación cristiana de los niños; no conoce las Escrituras ni las ordenanzas de la Iglesia; se conforma a los actos externos de la religión, descuidando la santidad y la piedad; tuerce y corrompe las Escrituras, utilizándolas según sus propios intereses; conduce al pueblo a la ignorancia y la superstición, aficionándolo a un cristianismo más ceremonialista que auténtico; se inventa ritos y devociones; practica una justicia farisaica, que ensalza los actos religiosos externos y desmerece las virtudes interiores; es culpable de que muchos mueran en la soberbia; es codicioso, y no tiene vergüenza de gastar sus rentas en cosas profanas y mundanas; y se dedica a satisfacer sus apetitos carnales. De los sacerdotes dice que “de cristianos tienen solo el nombre”, y que no merecen cobrar sus rentas si no cumplen cabalmente con su ministerio. De la situación del clero culpa a la jerarquía eclesiástica, por su desidia, y le sugiere un examen exhaustivo de los candidatos al sacerdocio y la vida monástica.